Vivimos tiempos difíciles donde las guerras, la pobreza, la desigualdad han cobrado un protagonismo notable en la sociedad global. Una situación donde la solidaridad humana es más necesaria que nunca.
A través de nuestras residencias y comedores, somos testigos de historias de fragilidad, desesperanza y superación, que nos recuerdan que el amor al prójimo sigue siendo la respuesta más auténtica del Evangelio. Por ello, nuestra misión hoy es más importante que nunca ayudando a cientos de personas a encontrar mucho más que una ayuda o un consuelo: encuentran familia, escucha y hogar.
En nuestros comedores ubicados en Calarcá (Colombia) y Venezuela (Bachaquero) no solo ofrecemos un plato de comida, sino también brindamos educación y formación a todos los niños y niñas en situación de alta vulnerabilidad. Además, este acompañamiento también se extiende a la labor que desarrollamos en nuestras residencias, donde acompañamos a señoras mayores a través del cuidado, la cercanía y la presencia constante que, a su vez, les hace recordar que siguen siendo profundamente valiosas.
Sin embargo, mantener esta misión no es una responsabilidad única de nuestra congregación, sino que también se extiende a la generosidad de personas que, de forma desinteresada, nos ofrecen su donativo, haciendo posible que nuestro carisma continúe llegando allí donde más se necesita.
Un camino que necesita de todos
Si aún no lo has hecho, queremos invitarte a que tú también formes parte de la misión. Existen muchas formas de hacerlo: o bien realizando una aportación económica a través del siguiente enlace, o bien difundiendo nuestra labor y elevando una oración por ella. Toda ayuda suma, ¡y toda muestra de solidaridad deja una huella!
Nuestra fundadora, Santa Genoveva Torres, nos enseñó que el amor encuentra siempre un modo de hacerse presente, por ello, hoy queremos seguir respondiendo a esa llamada, caminando junto a personas que comparten este sueño de seguir construyendo un mundo donde nadie se sienta solo o necesitado.

