La solemnidad de la Asunción de la Virgen María nos invita, un año más, a levantar la mirada hacia el cielo sin dejar de poner los pies en la tierra. En María, nuestra Madre, contemplamos la promesa de la vida eterna con la certeza de que el amor de Dios es capaz de vencer al sufrimiento, la soledad e incluso la muerte. Por ello, Su Asunción nos recuerda que toda vida entregada por amor, encuentra su plenitud en Dios.
En nuestra congregación, llevamos siempre presente el ejemplo de María como modelo de disponibilidad, confianza, servicio y esperanza. Ella nos enseña a permanecer junto a quienes más necesitan del consuelo, acompañando con ternura y amor a las personas mayores que viven la fragilidad de la edad y cuidando con cariño a los niños y niñas que cada día encuentran en nuestros comedores un espacio para la educación y el alimento del cuerpo y el alma.
Durante toda su vida terrenal, María no buscó el protagonismo, sino que fue sostenida con sencillez y discreción por un “Sí” constante y sincero que cambió el rumbo de la historia. Un espíritu que también hoy inspira nuestro carisma, heredado por nuestra fundadora, Santa Genoveva Torres, haciendo presente el consuelo de Cristo allí donde la soledad y el sufrimiento parecen tener la última palabra.
Así mismo, la Asunción de María nos recuerda que nuestra esperanza como cristianos no es una simple idea abstracta, sino que también es una forma concreta de vivir el presente. En un mundo marcado por las prisas, el egoísmo, el individualismo y tanta pobreza y desigualdad material y espiritual, María continúa señalándonos el camino de la confianza plena. Ella nos invita a seguir trabajando, acogiendo, queriendo y acompañando con dignidad, llevando a Dios a través de gestos sencillos pero cargados de Su amor.
Por ello, hoy día de la Asunción de la Virgen María, nos unimos a la Iglesia universal para celebrar esta gran solemnidad, dando gracias a Dios por el regalo maternal de María ya no solo en nuestras vidas, sino también en nuestra misión.
Que ella nos siga guiando y nos ayude a decir siempre “Sí” a la voluntad de Dios.

