El camino que nos prepara para la Navidad es el Adviento, un camino preñado de esperanza, de algo nuevo que va a nacer. La liturgia nos habla de voces que invitan a ponerse en camino: “Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos»” (Mt 3,3). El profeta Juan nos pide una conversión, un cambio del corazón. No se trata solo de pequeños gestos, sino de abrir el corazón a una transformación profunda. Un volver a Dios, un cambio de actitud y de vida alineándonos con el Reino que se acerca. Es tiempo de confrontar la propia vida con seriedad para colaborar en la transformación de nuestro mundo; y que la paz vuelva a ser una realidad.
La soledad digital: estar conectado sin estar acompañado
La soledad ha acompañado siempre a la experiencia humana, y es que todos en algún momento hemos sentido esa distancia entre lo que necesitamos y lo que realmente recibimos de quienes nos rodean. Con la llegada de internet y, sobre todo, de las redes sociales, ha...

