El camino que nos prepara para la Navidad es el Adviento, un camino preñado de esperanza, de algo nuevo que va a nacer. La liturgia nos habla de voces que invitan a ponerse en camino: “Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos»” (Mt 3,3). El profeta Juan nos pide una conversión, un cambio del corazón. No se trata solo de pequeños gestos, sino de abrir el corazón a una transformación profunda. Un volver a Dios, un cambio de actitud y de vida alineándonos con el Reino que se acerca. Es tiempo de confrontar la propia vida con seriedad para colaborar en la transformación de nuestro mundo; y que la paz vuelva a ser una realidad.
Verano con fe: cómo cuidar a nuestros mayores y niños también en vacaciones
Con la llegada del verano, los planes, los viajes y el tan ansiado descanso empiezan a hacerse presentes. Sin embargo, el verano también tiene una doble cara, esa que no se mucho, pero que también está muy presente: la soledad de los mayores también en esta época del...

