Hemos comenzado el mes de junio dedicado al Corazón de Jesús, un mes en que nos centramos en esta espiritualidad que nos pide volver al Corazón amoroso del Señor Jesús para que, desde su amor misericordioso seamos capaces de hacer de nuestro mundo un lugar de paz, de una paz “desarmada y desarmante» (Papa León XIV).
Desde este lugar podemos acercarnos como familia religiosa a la Iglesia para avanzar en este proceso sinodal que se nos está pidiendo a todos. Cada vez somos más conscientes de que “todos somos necesarios, aunque nadie es imprescindibleˮ, ningún carisma puede caminar en solitario. También se nos anima a vencer la rigidez y a evitar la exclusión de quienes resultan incómodos para mantener una falsa armonía. Hemos de reivindicar la sabiduría de caminar en comunidad; y el valor del silencio del Espíritu para discernir el camino de Dios desde una mirada integral.

