El Gobierno de España ha aprobado recientemente el primer Marco Estratégico Estatal de Soledades (2026-2030), una estrategia que busca coordinar a administraciones públicas, tejido comunitario y Tercer Sector para dar respuestas estructurales a un problema que, según el Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada, afecta al 20% de la población española, que se siente sola sin quererlo. De ellas, dos tercios llevan más de dos años viviendo en esta situación, con un impacto que golpea especialmente a las personas mayores y que se asocia con una menor esperanza de vida. A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud calcula que una de cada seis personas vive situaciones de soledad no deseada.
Estas cifras describen, con el lenguaje estadístico, algo que nuestra congregación lleva más de un siglo intentando responder con el lenguaje del Evangelio. Nuestro carisma tiene un nombre propio: ser consuelo en la soledad, en el que somos movidas por el testimonio del corazón misericordioso de Jesús, que busca en todo la mayor gloria de Dios, la salvación de los hombres y nuestra propia santificación, y en el que vivimos una vida consagrada en comunidad de fe, de amor fraterno y de servicio apostólico.
Esta vocación tiene su raíz en una imagen muy concreta: la de los Ángeles Custodios que protegen, acompañan y cuidan. Y ese es nuestro verdadero deseo: ser auténticos ángeles que consuelen y acompañen a Jesús en la aflicción que sigue viviendo en las personas que están solas y necesitadas, a semejanza de los propios Ángeles Custodios, que mientras sirven a los hombres, contemplan ininterrumpidamente el rostro del Padre.
Una vocación en la que la contemplación nos lleva al servicio y el servicio a la contemplación, y en la que María, presente al pie de la Cruz, es modelo de esa cercanía a quienes sufren. Por eso, cuando la actualidad pone hoy cifras y estrategias nacionales sobre la mesa, para nosotras no es ninguna novedad, sino que es la razón de ser de nuestra misión.
En residencias acogemos, atendemos y cuidamos, tanto corporal como espiritualmente a mujeres que viven en soledad o que más necesitan de ayuda y consuelo, también atendemos a niños y jóvenes que viven esa dolorosa experiencia es decir, estar donde alguien necesite ser escuchado, acompañado, sostenido y consolado y suprimiría: donde otros no llegan, sostener a quien nadie sostiene. Como recuerdan también quienes trabajan hoy contra la soledad no deseada, no existe un único tipo de soledad, sino que, lamentablemente, existe un amplio abanico de soledades: la de las personas mayores, la más numerosa; la de las personas con discapacidad; la de los jóvenes, que cada vez la sienten con más fuerza tras el impacto de la digitalización; la ligada a la pérdida y al duelo; o la de quienes, sin hogar, la viven de la forma más extrema.

